Inventan un detector de mentiras por medio de la escritura en Israel


Investigadores israelíes han construido un detector de mentiras que analiza los distintos rasgos y estilos de la escritura de una persona y que mediante un sistema informático puede analizar si está diciendo la verdad.

El aparato es producto de una investigación en la Universidad de Haifa (norte), que ha logrado demostrar que cuando una persona miente su caligrafía experimenta un cambio significativo, imperceptible para el ojo el humano pero fácilmente analizable por un ordenador.

"La presión que la persona ejerce al escribir sobre una hoja cuando está mintiendo es considerablemente superior que cuando dice la verdad, al igual que los intervalos en la escritura de un texto", aseguran los investigadores Guil Luria y Sara Rosenblum.

También se alteran el tamaño de la letra y el grosor del trazado, más grandes si la persona investigada no dice la verdad.

El experimento, realizado por la Facultad de Asuntos Sociales y Salud de la universidad, analizó los textos de un grupo de estudio al que se pidió describir dos hechos relacionados con su vida: uno completamente verdadero y el otro inventado.

"Parece que al mentir la escritura requiere unos recursos cognitivos mucho mayores, de forma que una acción automática como es escribir se ve perturbada", dicen ambos en un comunicado.

Es lo que definen como una "sobrecarga cognitiva", es decir que de forma inconsciente la persona altera sus formas habituales en todo tipo de actividades.

Los voluntarios que participaron en la investigación hicieron sus redacciones con un bolígrafo electrónico, sobre una hoja de papel colocada encima de una tabla también electrónica.

Los datos recogidos por ambos instrumentos fueron analizados por un programa de ordenador que Rosenblum elaboró hace unos años, y que mide variantes que son imperceptibles, como presión sobre la hoja, ritmo y velocidad de la escritura, y el número de veces que el bolígrafo pierde contacto con la hoja.

"Los resultados concluyen que, al mentir, las actividades que son generalmente automáticas pasan un proceso de mayor control por el cerebro y de ahí que la actividad se altere", concluyen los investigadores.

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